EL MISTERIO DEL ESLABÓN

EL MISTERIO DEL ESLABÓN

In Exclusivos, Tonti on 19 Agosto, 2010 at 10:35 AM Por Danilo Tonti

Si la magia y la fantasía no existen, el Eslabón es lo que más se les parece.

Mezcla rara de encuentro y re-encuentro, de búsqueda y descubrimiento, de autocríticas y cuestionamientos. Cóctel con los ingredientes justos que sabe calar hondo sobre uno mismo, llevándonos a lugares que el trajín del tiempo hizo olvidarnos que teníamos.

El fin de semana largo que pasó hice el Eslabón. Después de un buen tiempo de insistencia por parte de mi amiga, todo se dispuso hacia un sí del que no podía escapar. Atrás dejaba muchas responsabilidades, compromisos y cuestiones inconclusas; pero no me quedaba otra, la ilusión y el entusiasmo de mi amiga me arrancaron el sí de antemano.

Subí al colectivo y partí. Con miedos, inseguridades, preguntas… muchas preguntas. Pero partí. Con el bolso en mano y la espera de respuestas en la mente pisé suelo rio cuártense, subí al Peugeot 205 y -de ahí- directo a Las Vertientes: Casa Belén esperaba.

Un grupo de jóvenes deambulaba por los pasillos de la casa, algunos solos, otros en grupo, pero todos con la misma cara de miedo e incertidumbre. De a poco la masa se iba ablandando y el caparazón sacando sus partes duras. De a poco lo poco se hacía mucho, y lo mucho…, inexplicable.  Nunca tuve tan pocas ganas de acostarme y tantas de levantarme, nunca tuve tantas ganas de ser consiente del aire que respiraba. Vivir era una elección en cada segundo; ser protagonistas de ellos era el desafío.

El Eslabón no se lleva bien con la rutina ni con las conductas casi mecánicas que genera. El Eslabón es no acostumbrarse a vivir para que cada paso cuente, valga la pena, se sienta. Es la confirmación de que algo mejor siempre es posible y de que lo mejor a veces es invisible a nuestros ojos.

Si me preguntan, es un antes y un después, un cuarto intermedio, una antesala. Es el paso previo, aquel dado de la manera más lenta y pensada, que nos permite seguir con un ritmo seguro y que deje huella. Nada es lo mismo después de hacerlo y todo es nuevo al momento de entenderlo. Limpiamos el lente y vemos lo que no veíamos, o no queríamos ver. El momento conquista el alma. Se infiltra sigiloso e inadvertido y se instala para no irse más. Ahí queda, en el rincón entre el corazón y la memoria, y maneja desde allí todas las fichas: las mueve y las conmueve.

Poco o nada nos conocíamos los que ahí estábamos, pero las miradas no denotaban lejanía. Las miradas eran la evidencia involuntaria de un corazón que retumbaba con sus latidos, la evidencia de complicidad entre quienes, ahí – juntos – y en ese momento, hablaron un mismo idioma, pero claro que no crearon aquel lenguaje: algunos lo conocieron, otros lo volvimos conocer, pero todos nos fuimos hablándolo. Porque llegamos con una búsqueda y nos fuimos con un encuentro. Llegamos con una duda y nos fuimos con mil certezas.

Para los que me preguntaron y para los que no, el Eslabón es esto. Y con la misma incomprensión con la que seguramente terminan esta lectura fuimos nosotros allí y nos animamos a descubrir. Porque su magia es su secreto y sólo el que se anime a caminarlo descubrirá el camino, sólo el que se anime a descifrarlo develará el enigma.

El Eslabón me cambió la vida; y lo digo así, en primera persona, sin opción a que refuten. Porque me hizo ver y creer sin ver, porque me ayudó a crecer y a ayudar a crecer, porque me amó tanto como hoy lo amo.

Para quienes lo hicieron, continuemos el viaje; para los que no, los desafío a hacerlo.

Tus dudas se terminarán el día que te atrevas a buscar respuestas.

GRACIAS FEDERICO!!!

Texto compartido por Ana Maria Franceschi de su amigo Danilo Tonti.