Evangelizar… ¿para qué?

Evangelizar… ¿para qué?

En marzo del año 1992 hice el Eslabón.

Veintitrés años han pasado desde ése Eslabón 5, y acá estoy. Todavía trabajando, y transitando estos caminos de la Iglesia que peregrina. ¿Qué pasó en el medio?

Muchos eslabones como asistente, Retiro para “Amas de Casa”, realizado con Any Franceschi, Paula Tejada, Miguel Arias, Antonieta Ruiz… entre otros audaces que nos propusimos llevar a mujeres sin distinción de si eran casadas, separadas, viudas etc. Lo importante era que mujeres comunes, de su casa, puedan vivir una experiencia de Dios.
Y fue así, no por mérito de quienes nos atrevimos a lanzarnos, sino porque Dios se manifiesta siempre que le permitimos que se meta en nuestras vidas, que hicimos un par de Encuentros maravillosos.

Hicimos después otro Retiro que se llamó “Alma de Cristo”, basado obviamente en la hermosa Oración anónima que inspiró a su vez el Libro……….

Tuve la Gracia de hacer Retiros para adolescentes, convivencias con niños, con padres, y trabajar en Catequesis para adultos, adolescentes, y para pequeños que se estaban preparando para recibir su Primera Comunión.

No es el fin de este pequeño artículo hacer un recorrido a modo de “carrera de vida”, sino que apunta a compartir con Uds. que leen, la pregunta que cada vez que he realizado algunas de estas actividades, me he preguntado repetidamente: ¿“Para qué”?

No pretendo, de ninguna manera, responder acá esa pregunta. Porque me he dado respuestas de diferentes maneras y según el estado espiritual, o anímico en el que me encontraba.

Pero entre los ensayos de respuestas, venía a mi mente siempre esta cita de San Pablo “Porque evangelizar no es gloria para mí, sino necesidad. ¡Ay de mí si no evangelizara!” (1ª Cor 9,16)” Y porque además el Eslabón, como método del Movimiento círculos de Juventud, se realiza para hacer presente el Kerygma, el gran anuncio, el anuncio de gozo. Y habiéndolo recibido, ya no es posible quedarse callado.

No siempre uno tiene las capacidades necesarias para hacerlo, (o al menos, eso es lo que creemos), pero como se dice por ahí, Dios no elije a los capacitados, sino que capacita a los elegidos.

¿Cómo no animarse a evangelizar, si un pescador casi analfabeto llegó a ser Papa?, ¿como no hacerlo si una niña adolescente, aceptó traer a Dios al mundo?;  ¿Cómo no hacerlo si un Papa, se animó a abrir las puertas de la Iglesia para que entrara “aire fresco” y dio punta pié a un Concilio que cambió el rumbo?; ¿Cómo no hacerlo si otro Vicario de Cristo, con mas de ochenta años y enfermo, no dejaba de viajar para llevar la Palabra a los lugares mas recónditos?, ¿Cómo no hacerlo si una monjita pequeña, anciana, en los confines del mundo, abrazaba a los leprosos para hacerles sentir el amor de Cristo en sus últimos alientos?

No cabe en una página ejemplos de evangelizadores, ni de hechos de evangelización ejemplificadores.

No creo tener ninguna cualidad que me acerque mínimamente ni a Pedro, ni a María, ni a Juan XXIII; ni a San Juan Pablo II, ni a Madre Teresa…, pero sí tengo la clara conciencia de que no podemos quedarnos con los brazos cruzados, cuando Quien nos salvó, lo hizo con los brazos abiertos.

Hay mucha tarea por delante.

Familias destruidas, la droga que golpea y mata a nuestros jóvenes, la soledad de la gente a pesar de vivir en medio de multitudes, la apatía e indiferencia que se apodera de los adolescentes, las peleas entre hermanos; los ataques irreverentes contra la majestuosa creación, la tristeza sin límite que tienen los que han perdido a seres queridos y que piensa que quienes dejan este mundo, dejaron de vivir. Además, claramente,  la gente está buscando a Jesús!! Necesita encontrar a Dios! Y uno no puede ser interferencia con la Gracia, complicarle la vida al hermano, sino más bien, acercarles a Jesús a sus vidas, propiciar el encuentro.

No se puede saber humanamente que tanto pueden nuestras acciones evangelizadoras, cambiar esta realidad. No se puede intentar siquiera, dimensionar porque sería un acto de soberbia pensar en cuantificar los resultados de los actos evangelizadores, pero si es acertado pensar que “Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo”. (Mateo 25, 40).Todo un estímulo para saber que es necesario seguir trabajando, porque muchas veces seremos el único Evangelio que nuestros hermanos lean. Porque no deberíamos pasar por la vida del otro sin la pretensión, (humilde pretensión) de que ese otro se queda un poco mejor, porque uno como cristiano (por ser de Cristo) deja Su señal.

¿Cual debe ser nuestra fuerza ante las tribulaciones, los medios, los enojos, ante la duda de Evangelizar o no? Creo que en el Evangelio de Mateo podemos encontrar la respuesta: He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo (Mt 28, 20) Toda una garantía, que se completa con un mensaje literalmente alentador ).”Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hch 1:8).

Nuestro lugar en la tierra, es acá y ahora, Chilecito, nuestro trabajo, nuestro MCJ, la catequesis, nuestras familias, nuestros amigos. Los que no queremos tanto, los que se sienten solos.

Evangelizar… ¿para qué? Y tomo acá las palabras de un sacerdote español Luis Fernando Perez Bustamante que dice: “La evangelización no es una opción para la Iglesia. Es su deber. Una Iglesia que no evangeliza, que renuncia a ser instrumento de la conversión de los no creyentes, traiciona a Cristo, que fue quien nos ordenó que fuéramos e hiciéramos “discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado” (Mt 28,19-20).

Para pensarlo….

Roberto Larrain

Eslabón N° 5 Chilecito