Domingo 20 de Marzo 2016

Domingo de Ramos en la Pasión del Señor

Rojo

1ª Lectura       Is 50, 4-7

Lectura del libro del profeta Isaías.

El mismo Señor me ha dado una lengua de discípulo, para que yo sepa reconfortar al fatigado con una palabra de aliento. Cada mañana, él despierta mi oído para que yo escuche como un discípulo. El Señor abrió mi oído y yo no me resistí ni me volví atrás. Ofrecí mi espalda a los que me golpeaban y mis mejillas, a los que me arrancaban la barba; no retiré mi rostro cuando me ultrajaban y escupían. Pero el Señor viene en mi ayuda: por eso, no quedé confundido; por eso, endurecí mi rostro como el pedernal, y sé muy bien que no seré defraudado.

Palabra de Dios.

Comentario

El servidor de Yavé es golpeado y torturado. Sin embargo, de su boca salen palabras de aliento. En él está nuestra fortaleza. Su palabra, pronunciada sobre nuestros dolores, es palabra que no defrauda.

Sal 21, 8-9. 17-18a. 19-20. 23-24

R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Los que me ven, se burlan de mí, hacen una mueca y mueven la cabeza, diciendo: “Confió en el Señor, que él lo libre; que lo salve, si lo quiere tanto”. R.

Me rodea una jauría de perros, me asalta una banda de malhechores; taladran mis manos y mis pies. Yo puedo contar todos mis huesos. R.

Se reparten entre sí mi ropa y sortean mi túnica. Pero tú, Señor, no te quedes lejos; tú que eres mi fuerza, ven pronto a socorrerme. R.

Yo anunciaré tu nombre a mis hermanos, te alabaré en medio de la asamblea: “Alábenlo, los que temen al Señor; glorifíquenlo descendientes de Jacob; témanlo, descendientes de Israel”. R.

2ª Lectura       Flp 2, 6-11

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Filipos.

Jesucristo, que era de condición divina, no consideró esta igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente: al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres. Y presentándose con aspecto humano, se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz. Por eso, Dios lo exaltó y le dio el nombre que está sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame para gloria de Dios Padre: “Jesucristo es el Señor”.

Palabra de Dios.

Comentario

Por nosotros, Jesucristo se vació de su gloria divina. Él caminó esta tierra y compartió la historia, con nuestras limitaciones y dolores humanos. Su vida fue todo lo contrario a la altivez. Su vida fue abajarse, y con esto nos reveló el amor cercano del Padre.

 

Aclamación      Flp 2, 8-9

Cristo se humilló por nosotros hasta aceptar por obediencia la muerte, y muerte de cruz. Por eso, Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre.

Evangelio        (Breve) Lc 22, 66a—23, 1b-49

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

No encuentro en este hombre ningún motivo de condena.

C. El Consejo de los ancianos del pueblo, junto con los Sumos Sacerdotes y los escribas, llevaron a Jesús ante Pilato y comenzaron a acusarlo, diciendo:

S. “Hemos encontrado a este hombre incitando a nuestro pueblo a la rebelión, impidiéndole pagar los impuestos al Emperador y pretendiendo ser el rey Mesías”.

C. Pilato lo interrogó, diciendo:

S. “¿Eres tú el rey de los judíos?”.

* “Tú lo dices”.

C. Le respondió Jesús. Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la multitud:

S. “No encuentro en este hombre ningún motivo de condena”.

C. Pero ellos insistían:

S. “Subleva al pueblo con su enseñanza en toda la Judea. Comenzó en Galilea y ha llegado hasta aquí”.

C. Al oír esto, Pilato preguntó si ese hombre era galileo. Y habiéndose asegurado de que pertenecía a la jurisdicción de Herodes, se lo envió. En esos días, también Herodes se encontraba en Jerusalén.

Herodes y sus guardias lo trataron con desprecio.

C. Herodes se alegró mucho al ver a Jesús. Hacía tiempo que deseaba verlo, por lo que había oído decir de él, y esperaba que hiciera algún prodigio en su presencia. Le hizo muchas preguntas, pero Jesús no le respondió nada. Entre tanto, los sumos sacerdotes y los escribas estaban allí y lo acusaban con vehemencia. Herodes y sus guardias, después de tratarlo con desprecio y ponerlo en ridículo, lo cubrieron con un magnífico manto y lo enviaron de nuevo a Pilato. Y ese mismo día, Herodes y Pilato, que estaban enemistados, se hicieron amigos.

Pilato entregó a Jesús al arbitrio de ellos.

C. Pilato convocó a los sumos sacerdotes, a los jefes y al pueblo, y les dijo:

S. “Ustedes me han traído a este hombre, acusándolo de incitar al pueblo a la rebelión. Pero yo lo interrogué delante de ustedes y no encontré ningún motivo de condena en los cargos de que lo acusan; ni tampoco Herodes, ya que él lo ha devuelto a este tribunal. Como ven, este hombre no ha hecho nada que merezca la muerte. Después de darle un escarmiento, lo dejaré en libertad”.

C. Pero la multitud comenzó a gritar:

S. “¡Qué muera este hombre! ¡Suéltanos a Barrabás!”.

C. A Barrabás lo habían encarcelado por una sedición que tuvo lugar en la ciudad y por homicidio. Pilato volvió a dirigirles la palabra con la intención de poner en libertad a Jesús. Pero ellos seguían gritando:

S. “¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!”.

C. Por tercera vez les dijo:

S. “¿Qué mal ha hecho este hombre? No encuentro en él nada que merezca la muerte. Después de darle un escarmiento, lo dejaré en libertad”.

C. Pero ellos insistían a gritos, reclamando que fuera crucificado, y el griterío se hacía cada vez más violento. Al fin, Pilato resolvió acceder al pedido del pueblo. Dejó en libertad al que ellos pedían, al que había sido encarcelado por sedición y homicidio, y a Jesús lo entregó al arbitrio de ellos.

Hijas de Jerusalén, no lloren por mí.

C. Cuando lo llevaban, detuvieron a un tal Simón de Cirene, que volvía del campo, y lo cargaron con la cruz, para que la llevara detrás de Jesús. Lo seguían muchos del pueblo y un buen número de mujeres, que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él. Pero Jesús, volviéndose hacia ellas, les dijo:

* “¡Hijas de Jerusalén!, no lloren por mí; lloren más bien por ustedes y por sus hijos. Porque se acerca el tiempo en que se dirá: ‘¡Felices las estériles, felices los vientres que no concibieron y los pechos que no amamantaron!’. Entonces se dirá a las montañas: ‘¡Caigan sobre nosotros!’, y a los cerros: ‘¡Sepúltennos!’. Porque si así tratan a la leña verde, ¿qué será de la leña seca?”.

C. Con él llevaban también a otros dos malhechores, para ser ejecutados.

Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.

C. Cuando llegaron al lugar llamado “del Cráneo”, lo crucificaron junto con los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda. Jesús decía:

*  “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.

C. Después se repartieron sus vestiduras, sorteándolas entre ellos.

Este es el rey de los judíos.

C. El pueblo permanecía allí y miraba. Sus jefes, burlándose, decían:

S. “Ha salvado a otros: ¡que se sal-ve a sí mismo, si es el Mesías de Dios, el Elegido!”.

C. También los soldados se burlaban de él y, acercándose para ofrecerle vinagre, le decían:

S. “Si eres el rey de los judíos, ¡sálvate a ti mismo!”.

C. Sobre su cabeza había una inscripción: “Éste es el rey de los judíos”.

Hoy estarás conmigo en el paraíso.

C. Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo:

S. “¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros”.

C. Pero el otro lo increpaba, diciéndole:

S. “¿No tienes temor de Dios, tú que sufres la misma pena que él? Nosotros la sufrimos justamente, porque pagamos nuestras culpas, pero él no ha hecho nada malo”.

C. Y decía:

S. “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino”.

C. Él le respondió:

*  “Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso”.

Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.

C. Era alrededor del mediodía. El sol se eclipsó y la oscuridad cubrió toda la tierra hasta las tres de la tarde. El velo del Templo se rasgó por el medio. Jesús, con un grito, exclamó:

*  “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”.

C. Y diciendo esto, expiró.

C. Cuando el centurión vio lo que había pasado, alabó a Dios, exclamando:

S. “Realmente este hombre era un justo”.

C. Y la multitud que se había reunido para contemplar el espectáculo, al ver lo sucedido, regresaba golpeándose el pecho. Todos sus amigos y las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea permanecían a distancia, contemplando lo sucedido.

Palabra del Señor.

Comentario

“En las últimas horas de la vida de Jesús, la oscuridad cubrió la tierra, pero esto no oscurece la confianza de Jesús agonizante. Sus últimas palabras no son de abandono ni de triunfo, sino palabras de confianza: ‘Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu’. Estas palabras, al igual que aquellas en que perdona a sus enemigos, han ofrecido a muchos un modo de enfrentar la muerte en paz. La crucifixión es claramente un momento de perdón de Dios y de gracia salvífica mediante Jesús” (Raymond Brown, Un Cristo crucificado en Semana Santa, Ed. San Pablo).