Domingo 10 de Diciembre de 2017

2° de Adviento

Semana II para el Salterio.

(Día universal de la Declaración de los Derechos Humanos).

Antífona de entrada         Cf. Is 30, 19. 30
Pueblo de Sión, el Señor vendrá para salvar a las naciones. Él hará oír su voz majestuosa y llenará de alegría sus corazones.

Oración colecta
Dios todopoderoso y rico en misericordia, que nuestras ocupaciones cotidianas no nos impidan acudir presurosos al encuentro de tu Hijo, para que, guiados por tu sabiduría divina, podamos gozar siempre de su compañía. Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
1ª Lectura    Is 40, 1-5. 9-11
Lectura del libro de Isaías.

“¡Consuelen, consuelen a mi Pueblo, dice su Dios! Hablen al corazón de Jerusalén y anúncienle que su tiempo de servicio se ha cumplido, que su culpa está pagada, que ha recibido de la mano del Señor doble castigo por todos sus pecados”. Una voz proclama: “¡Preparen en el desierto el camino del Señor, tracen en la estepa un sendero para nuestro Dios! ¡Que se rellenen todos los valles y se aplanen todas las montañas y colinas; que las quebradas se conviertan en llanuras los terrenos escarpados, en planicies! Entonces se revelará la gloria del Señor y todos los hombres la verán juntamente”, porque ha hablado la boca del Señor. Súbete a una montaña elevada, tú que llevas la buena noticia a Sión; levanta con fuerza tu voz, tú que llevas la buena noticia a Jerusalén. Levántala sin temor, di a las ciudades de Judá: “¡Aquí está tu Dios!”. Ya llega el Señor con poder y su brazo le asegura el dominio: el premio de su victoria lo acompaña y su recompensa lo precede. Como un pastor, él apacienta su rebaño, lo reúne con su brazo; lleva sobre su pecho a los corderos y guía con cuidado a las que han dado a luz.

Palabra de Dios.

Comentario
Con estas palabras comienza una sección muy importante del libro de Isaías, que se llama “Libro de la consolación” y abarca muchos capítulos. El pueblo, desfallecido en el exilio obligado en Babilonia, alejado de su tierra, se siente abandonado por Dios y recibe ahora unas palabras de consuelo. Dios intervendrá para forjar el camino de regreso a casa. Así también ha de forjar nuestro corazón para que regrese a él.

 

Sal 84, 9-14
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
Voy a proclamar lo que dice el Señor. El Señor promete la paz, la paz para su pueblo y sus amigos. Su salvación está muy cerca de sus fieles, y la Gloria habitará en nuestra tierra. R.

El Amor y la Verdad se encontrarán, la Justicia y la Paz se abrazarán; la Verdad brotará de la tierra y la Justicia mirará desde el cielo. R.

El mismo Señor nos dará sus bienes y nuestra tierra producirá sus frutos. La Justicia irá delante de él, y la Paz, sobre la huella de sus pasos. R.

2ª Lectura    2Ped 3, 8-14
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pedro.

Queridos hermanos, no deben ignorar que, delante del Señor, un día es como mil años y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir lo que ha prometido, como algunos se imaginan, sino que tiene paciencia con ustedes porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan. Sin embargo, el Día del Señor llegará como un ladrón, y ese día, los cielos desaparecerán estrepitosamente; los elementos serán desintegrados por el fuego, y la tierra, con todo lo que hay en ella, será consumida. Ya que todas las cosas se desintegrarán de esa manera, ¡qué santa y piadosa debe ser la conducta de ustedes, esperando y acelerando la venida del Día del Señor! Entonces se consumirán los cielos y los elementos quedarán fundidos por el fuego. Pero nosotros, de acuerdo con la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva donde habitará la justicia. Por eso, queridos hermanos, mientras esperan esto, procuren vivir de tal manera que él los encuentre en paz, sin mancha ni reproche.

Palabra de Dios.

Comentario
En tiempos en que se escribió esta carta, muchos cristianos pensaban que, si Jesús aún no volvía, todo estaba perdido y todo era una mentira. El autor corrige esta creencia: Dios espera el tiempo oportuno para el retorno de su Hijo, mientras tanto, este es el tiempo de la esperanza, el compromiso y la entrega.

 

Aleluya        Lc 3, 4. 6
Aleluya. Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos. Todos los hombres verán la salvación de Dios. Aleluya.

Evangelio     Mc 1, 1-8
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos.

Comienzo de la Buena Noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios. Como está escrito en el libro del profeta Isaías: “Mira, yo envío a mi mensajero delante de ti para prepararte el camino. Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos”, así se presentó Juan el Bautista en el desierto, proclamando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. Toda la gente de Judea y todos los habitantes de Jerusalén acudían a él, y se hacían bautizar en las aguas del Jordán, confesando sus pecados. Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo: “Detrás de mí vendrá el que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo”.

Palabra del Señor.

Comentario
La palabra “evangelio” significa “buena noticia”. De esta manera, comienza esta obra de Marcos. Él nos hace notar que Jesús es la Buena Noticia que viene a este mundo. ¿Por qué es buena noticia para nosotros? Porque nos ha liberado del pecado, de nuestro egoísmo y ambición. Es la Buena Noticia porque los desamparados del mundo ahora son llamados bienaventurados, y los sufrientes encuentran en él su descanso.
Oración sobre las ofrendas
Te pedimos, Dios nuestro, que te agraden nuestras humildes oraciones y ofrendas, y ya que carecemos de méritos propios socórrenos con tu misericordia. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión      Bar 5, 5; 4, 36
Levántate, Jerusalén, sube a lo alto, y contempla la alegría que te viene de Dios.

Oración después de la comunión
Saciados con el alimento espiritual, te rogamos, Padre, que por la participación en este santo misterio, nos enseñes a valorar sabiamente las realidades terrenas con el corazón puesto en las celestiales. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Fuente: Sanpablo.com.ar