Circular N°01 Complemento Cuaresma

JUNTA DIRECTIVA NACIONAL

Arquidiócesis de San Juan de Cuyo

San Juan, 15 de Febrero de 2016

Querido amigo circulista

                                                          Te hago llegar esta pequeña meditación para que te prepares a vivir este tiempo maravilloso que es la Cuaresma. Este año el 10 de Febrero comenzamos este camino donde estamos llamados a la conversión de nuestra vida.

Te invito a que recordemos qué es la cuaresma y cuáles son los pilares fundamentales de este tiempo.

En la Cuaresma, Cristo nos invita a cambiar de vida. La Iglesia nos invita a vivir la Cuaresma como un camino hacia Jesucristo, escuchando la Palabra de Dios, orando, compartiendo con el prójimo y haciendo obras buenas. Nos invita a vivir una serie de actitudes cristianas que nos ayudan a parecernos más a Jesucristo, ya que por acción de nuestro pecado, nos alejamos más de Dios.

Por ello, la Cuaresma es el tiempo del perdón y de la reconciliación fraterna. Cada día, durante toda la vida, hemos de arrojar de nuestros corazones el odio, el rencor, la envidia, los celos que se oponen a nuestro amor a Dios y a los hermanos. En Cuaresma, aprendemos a conocer y apreciar la Cruz de Jesús. Con esto aprendemos también a tomar nuestra cruz con alegría para alcanzar la gloria de la resurrección.

La Limosna

La limosna cristiana es el encuentro de dos manos que se tienden una hacia otra, la mano de dos hermanos que se juntan, el más emocionado y el más dichoso de los cuales no es el que recibe, sino el que da, más que un deber, es una necesidad de nuestro corazón con respecto a los que sufren.

¿Puedo pensar fríamente que existen cerca de mí unos seres humanos, honrados y trabajadores como yo, hijos de Dios como yo, y que no están seguros del mañana, o que hoy están pasando hambre? ¿Qué hay cerca de mí familias enteras amontonadas en casas indignas, imposibles de mantener limpias, y que ven llegar aterrados el final de cada mes; que hay niños que no pueden crecer, madres que no pueden criarlos, ancianos que acaban en la indigencia una vida laboriosa? ¿Por qué ellos y no yo? Hay hombres como yo, que trabajan para procurarme el alimento, el vestido, todo lo que me hace falta. ¿Voy a limitarme a acusar los defectos de la sociedad y de los poderes públicos, cuando puedo, por poco que sea, aliviar su sufrimiento y su inquietud?

Hay cerca de nosotros seres enfermos que han perdido toda esperanza de curación. ¡Y no va a oprimirse nuestro corazón ante este pensamiento!

La Oración

No se ora en el cumplimiento de órdenes, porque sea la hora; se ora porque se ama, para encontrar a Dios, que es Amor.

El cristiano no ora sólo para llamar a Dios en su socorro, sino que, ante todo, tiene necesidad de expresar a Dios su alabanza, su admiración, su reconocimiento, de actualizar su orgullo y su alegría, de estarle unido. Querrá así orar con la mayor frecuencia posible, en medio de sus ocupaciones.

Nuestro trabajo puede ser un modo de glorificar a Dios, si se lo ofrecemos de una manera explícita. Sin embargo, la oración, para merecer este nombre, supone un breve alto durante el cual, como escribe Santiago, os acercáis a Dios, y Él se acerca a vosotros. Y de hecho los cristianos que piensan a menudo en Dios durante la jornada son los que consagran cada día algún tiempo a la oración propiamente dicha.

Jesús nos deja total libertad en lo que se refiere a la cantidad, la duración y el horario de nuestras oraciones, con tal que oremos cada día. No habré de orar «porque sea la hora», pero como la oración es para mí tanto un deber como una necesidad, le reservaré libremente en mi jornada determinados momentos.

Encontramos a Dios en el secreto de la oración y es, primero, para adorarlo, darle gracias e implorar su perdón. Pero al mismo tiempo que nosotros nos abrimos a Él, Dios se revela a nosotros; responde a nuestras invocaciones y nos pide que acojamos las suyas. La oración nos hace entrar así en su pensamiento y nos permite exponerle filialmente nuestras necesidades. Y cabe señalar que nuestra oración ha de ser confiada, sabiendo que nuestro Padre conoce todas nuestras necesidades y que vendrá en nuestra ayuda.

 El Ayuno

«Cuando ayunéis no aparezcáis tristes» (Mt. 6, 16)

El Maestro quiere que la vida de sus discípulos esté centrada sobre Dios solo, en el secreto de su alma, sin otra intención que la de glorificarlo por su obediencia. El Padre que ve en lo secreto ha de ser el único testigo de sus renunciamientos. Y Jesús toma como ejemplo el ejercicio del ayuno.

A diferencia de la oración el ayuno no es un fin en sí , sino tan solo un medio. El valor de las privaciones corporales depende de esa penitencia interior, de la cual son la expresión y que sólo Dios conoce.

La práctica del ayuno se encuentra en la mayoría de las religiones de la antigüedad. Se enlaza con la idea general de sacrificio, por la cual el hombre atestigua que reconoce la soberanía de Dios. Todo lo que posee viene de Él. Y debe darle gracias por ello. Se privará con este fin del fruto de su trabajo y llevará al altar las primicias de sus cosechas, o bien inmolará el cordero más hermoso de su rebaño. Pero de todos los bienes que Dios le ha colmado, el más preciado es el de su propia vida. Es evidente que el hombre no ha de aniquilarla, pero absteniéndose de los alimentos confiesa que Dios es el único dueño de su vida y que él vuelve a ponerla entre sus manos.

El hombre pecador manifiesta sensiblemente el arrepentimiento de sus culpas.

¿Comer y beber? No se tienen ganas de hacerlo cuando se está con pena. Del mismo modo cuando nos percatamos de que nuestros pecados son negativas de amor, debemos estar sinceramente afligidos de haber respondido tan mal a la bondad del Padre que nos habla.

Cuando nos privamos de algo ya sea alimento, deporte, o algo que me cuesta dejar y lo vuelvo oración para el perdón de mis pecados, el Señor me recompensará el ciento por uno.

Querido amigo, ruego a nuestro buen Dios y a nuestra Madre Santísima que vivas este tiempo de gracia lleno de alegría. Ya que es una buena oportunidad de volver a la casa del Padre Misericordioso que me está esperando con los brazos abiertos. No para condenarme sino para abrazarme y decirme cuanto me ama.

Vivamos este tiempo visitando a Jesús en el Santísimo, celebrando la Eucaristía y experimentando su amor en el sacramento de la Reconciliación.

¡En cadena!

                                                                                            Padre Fabián Díaz